lunes, 20 de enero de 2020

Seamos el Cambio











Hoy me quejo contra todo. Contra él, contra aquel y contra ti, pero también contra mí, porque todos somos responsables de tantos niños en las calles, de tantos muertos por falta de medicamentos, de tantos locos sin refugios y de tantas gentes que se van a dormir sin comer.
Mi queja es contra el mundo y el mundo somos todos. Todos dejamos que se encargue el otro y el otro no tiene tiempo, o simplemente es indiferente.
Todos creemos que la pobreza y la miseria es solo cuestión del gobierno al que todos elegimos casi siempre de un modo irresponsable.
Todos inventamos escusa, culpamos al tiempo, olvidando que el que no tiene tiempo para ayudar es porque algún dinero puede dar.
Pero nos escudamos detrás de un ahora no puedo, o ahora no tengo, todo por no decir: ahora no quiero.
Me quejo por tantas miserias a la que todos aportamos algo. Y la cual aumentará hasta que aceptemos que el cambio somos todos.

miércoles, 18 de diciembre de 2019

La Fábula de los Cachorros y El Fango



Eran dos cachorritos que camino a su casa siempre se encontraban con un perro bravucón.
Este perro desde que lo veía acercarse le gruñía y parecía querer atacarlo.
Ese era el único camino que podían tomar, y su miedo era tan grande que les obligaba a detenerse por un largo rato a ver si aquel perro se marchaba, eso nunca sucedía hasta que ellos se decidían a cruzar y entonces  les hacía caer en un fango apestoso donde permanecían hasta verlo desaparecer.
Salían de allí muy sucios y enfadados, se iban echando peste y solo los calmaba la aparición de un lobo que les sonreía y les consolabas.
—No se preocupen que ningún mal dura cien años —les decía y ellos se tranquilizaban
La historia se repetía una y otra vez, y ya por costumbre se lanzaban solo al fango para evitar que aquel perro  les ladraras y les acorralaras.
Un día después de que el cachorrito más pequeños ya se había lanzado al lodo, fue que el más grande notó que el perro no estaba.
—Espera un momento, te has lanzado al fango de gratis, el bravucón no está.
—¿no? ¿Y por qué no me lo dijiste antes?
—Me acabo de enterar ¡Qué bueno que yo no me he embarrado! Ja, ja —dijo el cachorrito mayor muy feliz, en cambio el más pequeño, que sí se enlodó, estaba muy triste y rabioso.
Ambos caminaron hacia su casa y como siempre se encontraron el lobo sonriente que siempre les consolabas
—Hola, les dije que ningún mal duraba cien años. Je, je
—¿sabe qué pasó con el perrote malvado? —le preguntó el cachorrito más pequeño.
—Me lo he comido. En realidad, estaba muy viejo para mi gusto. Pero no podía permitir que siguiera estropeando mi almuerzo todos los días.
—¡Tu almuerzo! —dijo asombrado el cachorro mayor
 —Sí, a ustedes, llevo esperándolos hace mucho tiempo, pero ese perro entrometido los protegías  —le respondió el lobo y se lanzó sobre el pobre cachorro y se lo comió. Mientras  se saboreaba, el pequeño lo miraba aterrado y temblando como una gelatina. El lobo le miró y le dijo con voz fuerte y muy enojado— ¿Y tú, porqué te has embarrado si el bravucón no estaba? Ahora no puedo comerte ¡apesta! Pero mañana te espero aquí, asegúrate de venir limpio ¿de acuerdo?
Moraleja: No todo el que te gruñe es tu enemigo, y no todo el que te sonríes es tu amigo.   

domingo, 24 de marzo de 2019

EL PAVO VOLÓ


El Pavo Voló




Juaniquito  andaba por todos lados rifando siempre alguna cosa, todo el mundo, como ya le conocían, le jugaban los números, pero era de una suerte tan extraña que nadie se sacaba, siempre le quedaba para él el objeto rifado.
Muchos, basándose en viejos mitos de la población, decían que  él ponía la lista debajo de la cama, otros que se sabía una oración para que nadie se sacara, pero aun así les jugaban porque era muy ágil para persuadir.  
En una temporada navideña decidió rifar un pavo. Nadie nunca vio el pavo, pero como él hablaba de él, la gente se imaginaba que era muy grande y bonita y representaba una oportunidad que no podían perder, o que por lo menos, valía la pena intentar y casi todo el pueblo le jugó.
—Rifando ando, rifando ando, me voy, aprovechen, apuesten por su pavo no lo dejen volar —Esa era su letanía de publicidad, muy efectiva por cierto, porque sus números se vendían como pan caliente, tanto que hizo como 30 rifas diferentes.

Llegó el día acordado para el sorteo, 30 personas fueron agraciadas con un pavo y cuando Juaniquito escuchó los números que salieron, revisó las listas y en cada una de ellas había un ganador, entonces no sabía qué hacer. Todo el tiempo estuvo tentando a la suerte y esta por primera vez le falló.  Nunca tuvo ningún pavo y ni siquiera sabía dónde conseguir uno, mucho menos 30. ¿Dónde conseguiría 30 pavos? ¿Y cuánto les costarían?
Era un chico huérfano de y desde muy pequeño empezó a ejercer este oficio por pura necesidad, pero como  la necesidad siempre es superada por la ambición, al ver que nadie le sacaba nunca nada, empezó a efectuar rifas ficticias y el dinero siempre le quedaba en su totalidad para él.
—¡Dios! ¿En qué momento se me reventó la suerte? —Sólo eso se preguntaba en medio de la desesperación.
Al otro día fueron los ganadores del pavo a la casa de Juaniquito para reclamar su premio, todos se encontraron muy extraño de que tantas personas hayan resultado ganadoras.
Todos estaban muy nerviosos a la espera de una explicación por parte de Juaniquito el rifador, pero este no salía a dar la cara y mucho menos a entregar los premios
Se armó la discusión entre los ganadores y sus expresiones se empezaba a salir de tono.
Cansados de llamar y golpear la puerta y Juaniquito nada de salir, decidieron derribarla y al hacerlo notaron que este no estaba, ni tampoco sus cosas, pero ni mucho menos los  pavos, solo un enorme letrero en la pared principal que emitía con letras grandes y llamativas, como para captar la mayor atención, un desalentador mensaje:
«A todo el que entre en esta habitación, esperando encontrar el premio que ganó, le pido mil disculpas por mi lamentable distracción, ya que en un descuido mío el pavo voló »
Por Valentina Soriano Zapata

sábado, 9 de marzo de 2019

NADA ES COMO ES




Qué bonito es cuando llega el horario de salir, después de un terrible día lleno de mucho afán, todo lo que pide el cuerpo es poder descansar, un buen baño, ropa ligera, ¿Qué más se puede pedir? Una cama calientita, mis almohadas   y a dormir.
De repente son las 8 de la mañana y suena mi celular, era de mi supervisora; que a pesar de ser mi día libre me pedía ir a trabajar
Ya estoy abordando un auto bus de la empresa, que no da servicios a esa hora y ahí sigue mi sorpresa.
A mitad del camino me doy cuenta que no me he puesto mi uniforme, ahora si no entiendo nada, ya que regularmente sin él, ni el autobús me dejan que aborde.
No se cómo devolverme para resolver el problema, ya que no tenía ni siquiera los RD25 pesos, para pagar un pasaje de regreso, en mi cartera.
Seguí con la preocupación y así llegamos al enorme parqueo del recinto de la industria textil y al dirigirme al chofer este era mi primo Sulín, un chico que ni siquiera sabe conducir.
 sin percatarme de eso, sólo le pregunté que si volvería de regreso, pensando coger la bola para buscar mi uniforme, ya que no tenía ni un peso;
— no sé si me dejen ir temprano  —Me respondió con su móvil en las manos y al desmontarme me encuentro con su jefe era mi hermano. Tony que nunca ha trabajado de empleado y lo único que tiene es un colmado de donde pica su comida, sus medicinas y hasta lo de sus tragos.
Aunque todo era tan raro y de nada había constancia, a ninguno de esos detalles yo les había dado importancia.
Le dije que me prestara la llave de su carro para que Sulín me lleve a ponerme el uniforme y yo poder volver al trabajo, dio tremenda carcajada de una forma repentina, pero me las entregó diciendo que no tenía gasolina,  yo le contesté: «no importa que yo paso por la estación de combustible que está ahí mismo en la esquina»
Todavía no entiendo de que se trata todo esto, ahora resulta que tengo en mi cartera RD75 pesos.
Como es natural cuando la crisis aprieta, pienso en echar los cincuenta y clavarme la peseta;  pero en ese momento suena mi celular, era mi hermano Tony que se quiso asegurar, me dijo: «échale más de cincuenta que tengo que llegar a la farmacia a comprarle a nuestra madre una receta» y como lo importante era ir y volver al recinto, no me quedó más remedio que quedarme sin un quinto.
Abordo el carro donde me espera Sulín y le digo “dale duro que el combustible está chin”
Sulín arrancó de golpe sin decirme nada más y le dije dobla en la esquina que hay una planta de gas, porque ya no era gasolina lo que le tenía que echar.
El vehículo se detiene como a dos esquinas antes y me dice mi hermano Tony que es el que va al volante, desmóntate aquí y vete a llenar el tanque, esto ya está pareciendo como una historia sin fin y ni siquiera me pregunten que se hizo Sulín; le respondí a Toniy espera un momento ¿cómo que cargue el tanque? Llegamos en el carro y todo estará resuelto, pero él me dijo «vete que estoy en un programa de esa bomba donde me hacen descuento». Tomé el tanque al hombro y nada le respondí, no se preocupen, señores, yo tampoco lo entendí.
Como era tan grande mi empeño tomé el cilindro de gas, que por suerte era pequeño. Caminé tranquilamente en aquella situación y al entrar a la bomba era un sitio en construcción; miré a todos lados en que lío estaba yo, solo había allí un hombre completamente desnudo que pegaba unos blocks, fue tan grande mi sorpresa y mi susto mucho más, pero disimulando le pregunté al tipo por la bomba de gas; él me miró de arriba hasta abajo como para ponerme nerviosa y ya me desesperaba su horrible cuerpo desnudo y su mirada cochambrosa, pero yo disimulaba y le hablaba muy tranquila y desviando la mirada para darle a entender que no me importaba nada, me dijo que estaba al frente la estación que yo buscaba, pero que si yo quería el mismo me llevaba. No recuerdo nada más, solo que de allí corrí y ni recuerdo el momento en que las gracias le di.
Al salir de la estación, de allí no recuerdo ni un paso, solo que por la carga el gas debió estar bien barato.
Salí con mi tanque al hombro rumbo a donde estaba el carro, ya no iba muy conforme el tanque estaba pesado. Caminando con esfuerzo como caminan los cojos un enorme remolino me hizo cerrar los ojos. No pasaba el remolino, estaba paralizada, ya no daba ni pasito porque no podía ver nada y cuando abrí mis ojos estaba dentro de mis almohadas, no sé cómo llegué al carro, no sé si volví al trabajo, creo que todo eso fue sólo un sueño alocado.
Por Valentina Soriano Z (un sueño real)