Qué bonito es cuando llega el horario de salir, después de
un terrible día lleno de mucho afán, todo lo que pide el cuerpo es poder
descansar, un buen baño, ropa ligera, ¿Qué más se puede pedir? Una cama
calientita, mis almohadas y a dormir.
De repente son las 8 de la mañana y suena mi celular, era de
mi supervisora; que a pesar de ser mi día libre me pedía ir a trabajar
Ya estoy abordando un auto bus de la empresa, que no da
servicios a esa hora y ahí sigue mi sorpresa.
A mitad del camino me doy cuenta que no me he puesto mi
uniforme, ahora si no entiendo nada, ya que regularmente sin él, ni el autobús me
dejan que aborde.
No se cómo devolverme para resolver el problema, ya que no
tenía ni siquiera los RD25 pesos, para pagar un pasaje de regreso, en mi
cartera.
Seguí con la preocupación y así llegamos al enorme parqueo
del recinto de la industria textil y al dirigirme al chofer este era mi primo
Sulín, un chico que ni siquiera sabe conducir.
sin percatarme de
eso, sólo le pregunté que si volvería de regreso, pensando coger la bola para
buscar mi uniforme, ya que no tenía ni un peso;
— no sé si me dejen ir temprano —Me respondió con su móvil en las manos y al
desmontarme me encuentro con su jefe era mi hermano. Tony que nunca ha
trabajado de empleado y lo único que tiene es un colmado de donde pica su
comida, sus medicinas y hasta lo de sus tragos.
Aunque todo era tan raro y de nada había constancia, a
ninguno de esos detalles yo les había dado importancia.
Le dije que me prestara la llave de su carro para que Sulín
me lleve a ponerme el uniforme y yo poder volver al trabajo, dio tremenda
carcajada de una forma repentina, pero me las entregó diciendo que no tenía
gasolina, yo le contesté: «no importa
que yo paso por la estación de combustible que está ahí mismo en la esquina»
Todavía no entiendo de que se trata todo esto, ahora resulta
que tengo en mi cartera RD75 pesos.
Como es natural cuando la crisis aprieta, pienso en echar
los cincuenta y clavarme la peseta; pero
en ese momento suena mi celular, era mi hermano Tony que se quiso asegurar, me
dijo: «échale más de cincuenta que tengo que llegar a la farmacia a comprarle a
nuestra madre una receta» y como lo importante era ir y volver al recinto, no
me quedó más remedio que quedarme sin un quinto.
Abordo el carro donde me espera Sulín y le digo “dale duro
que el combustible está chin”
Sulín arrancó de golpe sin decirme nada más y le dije dobla
en la esquina que hay una planta de gas, porque ya no era gasolina lo que le
tenía que echar.
El vehículo se detiene como a dos esquinas antes y me dice
mi hermano Tony que es el que va al volante, desmóntate aquí y vete a llenar el
tanque, esto ya está pareciendo como una historia sin fin y ni siquiera me
pregunten que se hizo Sulín; le respondí a Toniy espera un momento ¿cómo que
cargue el tanque? Llegamos en el carro y todo estará resuelto, pero él me dijo «vete
que estoy en un programa de esa bomba donde me hacen descuento». Tomé el tanque
al hombro y nada le respondí, no se preocupen, señores, yo tampoco lo entendí.
Como era tan grande mi empeño tomé el cilindro de gas, que
por suerte era pequeño. Caminé tranquilamente en aquella situación y al entrar
a la bomba era un sitio en construcción; miré a todos lados en que lío estaba
yo, solo había allí un hombre completamente desnudo que pegaba unos blocks, fue
tan grande mi sorpresa y mi susto mucho más, pero disimulando le pregunté al
tipo por la bomba de gas; él me miró de arriba hasta abajo como para ponerme
nerviosa y ya me desesperaba su horrible cuerpo desnudo y su mirada cochambrosa,
pero yo disimulaba y le hablaba muy tranquila y desviando la mirada para darle
a entender que no me importaba nada, me dijo que estaba al frente la estación
que yo buscaba, pero que si yo quería el mismo me llevaba. No recuerdo nada
más, solo que de allí corrí y ni recuerdo el momento en que las gracias le di.
Al salir de la estación, de allí no recuerdo ni un paso,
solo que por la carga el gas debió estar bien barato.
Salí con mi tanque al hombro rumbo a donde estaba el carro,
ya no iba muy conforme el tanque estaba pesado. Caminando con esfuerzo como
caminan los cojos un enorme remolino me hizo cerrar los ojos. No pasaba el
remolino, estaba paralizada, ya no daba ni pasito porque no podía ver nada y
cuando abrí mis ojos estaba dentro de mis almohadas, no sé cómo llegué al
carro, no sé si volví al trabajo, creo que todo eso fue sólo un sueño alocado.
Por Valentina Soriano Z (un sueño real)