sábado, 9 de marzo de 2019

NADA ES COMO ES




Qué bonito es cuando llega el horario de salir, después de un terrible día lleno de mucho afán, todo lo que pide el cuerpo es poder descansar, un buen baño, ropa ligera, ¿Qué más se puede pedir? Una cama calientita, mis almohadas   y a dormir.
De repente son las 8 de la mañana y suena mi celular, era de mi supervisora; que a pesar de ser mi día libre me pedía ir a trabajar
Ya estoy abordando un auto bus de la empresa, que no da servicios a esa hora y ahí sigue mi sorpresa.
A mitad del camino me doy cuenta que no me he puesto mi uniforme, ahora si no entiendo nada, ya que regularmente sin él, ni el autobús me dejan que aborde.
No se cómo devolverme para resolver el problema, ya que no tenía ni siquiera los RD25 pesos, para pagar un pasaje de regreso, en mi cartera.
Seguí con la preocupación y así llegamos al enorme parqueo del recinto de la industria textil y al dirigirme al chofer este era mi primo Sulín, un chico que ni siquiera sabe conducir.
 sin percatarme de eso, sólo le pregunté que si volvería de regreso, pensando coger la bola para buscar mi uniforme, ya que no tenía ni un peso;
— no sé si me dejen ir temprano  —Me respondió con su móvil en las manos y al desmontarme me encuentro con su jefe era mi hermano. Tony que nunca ha trabajado de empleado y lo único que tiene es un colmado de donde pica su comida, sus medicinas y hasta lo de sus tragos.
Aunque todo era tan raro y de nada había constancia, a ninguno de esos detalles yo les había dado importancia.
Le dije que me prestara la llave de su carro para que Sulín me lleve a ponerme el uniforme y yo poder volver al trabajo, dio tremenda carcajada de una forma repentina, pero me las entregó diciendo que no tenía gasolina,  yo le contesté: «no importa que yo paso por la estación de combustible que está ahí mismo en la esquina»
Todavía no entiendo de que se trata todo esto, ahora resulta que tengo en mi cartera RD75 pesos.
Como es natural cuando la crisis aprieta, pienso en echar los cincuenta y clavarme la peseta;  pero en ese momento suena mi celular, era mi hermano Tony que se quiso asegurar, me dijo: «échale más de cincuenta que tengo que llegar a la farmacia a comprarle a nuestra madre una receta» y como lo importante era ir y volver al recinto, no me quedó más remedio que quedarme sin un quinto.
Abordo el carro donde me espera Sulín y le digo “dale duro que el combustible está chin”
Sulín arrancó de golpe sin decirme nada más y le dije dobla en la esquina que hay una planta de gas, porque ya no era gasolina lo que le tenía que echar.
El vehículo se detiene como a dos esquinas antes y me dice mi hermano Tony que es el que va al volante, desmóntate aquí y vete a llenar el tanque, esto ya está pareciendo como una historia sin fin y ni siquiera me pregunten que se hizo Sulín; le respondí a Toniy espera un momento ¿cómo que cargue el tanque? Llegamos en el carro y todo estará resuelto, pero él me dijo «vete que estoy en un programa de esa bomba donde me hacen descuento». Tomé el tanque al hombro y nada le respondí, no se preocupen, señores, yo tampoco lo entendí.
Como era tan grande mi empeño tomé el cilindro de gas, que por suerte era pequeño. Caminé tranquilamente en aquella situación y al entrar a la bomba era un sitio en construcción; miré a todos lados en que lío estaba yo, solo había allí un hombre completamente desnudo que pegaba unos blocks, fue tan grande mi sorpresa y mi susto mucho más, pero disimulando le pregunté al tipo por la bomba de gas; él me miró de arriba hasta abajo como para ponerme nerviosa y ya me desesperaba su horrible cuerpo desnudo y su mirada cochambrosa, pero yo disimulaba y le hablaba muy tranquila y desviando la mirada para darle a entender que no me importaba nada, me dijo que estaba al frente la estación que yo buscaba, pero que si yo quería el mismo me llevaba. No recuerdo nada más, solo que de allí corrí y ni recuerdo el momento en que las gracias le di.
Al salir de la estación, de allí no recuerdo ni un paso, solo que por la carga el gas debió estar bien barato.
Salí con mi tanque al hombro rumbo a donde estaba el carro, ya no iba muy conforme el tanque estaba pesado. Caminando con esfuerzo como caminan los cojos un enorme remolino me hizo cerrar los ojos. No pasaba el remolino, estaba paralizada, ya no daba ni pasito porque no podía ver nada y cuando abrí mis ojos estaba dentro de mis almohadas, no sé cómo llegué al carro, no sé si volví al trabajo, creo que todo eso fue sólo un sueño alocado.
Por Valentina Soriano Z (un sueño real)

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