¿Qué es el amor?
El amor es esa llama que quema por dentro, ese suspiro que sale del alma, es la espera constante y una enorme ansiedad por estar junto a esa persona a quien se ama. ¿Puede un corazón triturado en mil pedazos recoger los trozos, armarlo y volver a empezar? ¿Con que fuerza puede un corazón decepcionado volver a enamorarse?
¿Alguien sabe porque las falsas promesas de amor encantan más que las verdaderas? Serás porque a nosotras, las mujeres, nos encanta que nos digan los que queremos escuchar, que nos eleven a lo más alto del universo, que nos dibujen un mundo mágico donde podamos flotar sobre nubes y competir con la belleza innata de las flores y las maripositas de colores; que nos hagan saborear el dulce de aquella manzana prohibida que, a pesar de sus encantamientos y sus delicias, muchas veces, encierra una oscura y fría realidad.
Y a los hombres, en cambio, les encanta dejarse seducir, creerse el último suspiro de la naturaleza. Suelen confiar demasiado en su don de conquistador y resulta que, muchas veces, suelen ser los primeros en terminar decepcionados, amargados y arrodillados ante la infamia y el dolor causado por una mala relación.
El amor no es una cuestión de género, es un asunto de ilusiones, de sueños, de la necesidad que tenemos los seres humanos de afecto, de relacionarnos entre sí. ¿Quién podría presumir de no ser capaz de dejarse llevar por la pasión y vivir alguna historia inconfesable? Nadie está exento a esos efectos que nos hacen perder la razón, porque cualquier persona que tenga un corazón puede ser y será azotado por los dulces latigazos del amor.
Aun así, creer en el amor después de haber fallado más de una vez es un privilegio al que no podemos renunciar. Hay que disfrutar cada ilusión, hay que reír y soñar, suspirar esa pasión con la misma intensidad de la primera. No importa cuántas veces nos toque morir si contamos con la oportunidad de volver a vivir.
El desengaño no es excusa para renunciar, porque después de llorar, aceptar y superar estaremos siempre listos para volver a empezar.
Por valentina Soriano Z.

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