domingo, 24 de marzo de 2019

EL PAVO VOLÓ


El Pavo Voló




Juaniquito  andaba por todos lados rifando siempre alguna cosa, todo el mundo, como ya le conocían, le jugaban los números, pero era de una suerte tan extraña que nadie se sacaba, siempre le quedaba para él el objeto rifado.
Muchos, basándose en viejos mitos de la población, decían que  él ponía la lista debajo de la cama, otros que se sabía una oración para que nadie se sacara, pero aun así les jugaban porque era muy ágil para persuadir.  
En una temporada navideña decidió rifar un pavo. Nadie nunca vio el pavo, pero como él hablaba de él, la gente se imaginaba que era muy grande y bonita y representaba una oportunidad que no podían perder, o que por lo menos, valía la pena intentar y casi todo el pueblo le jugó.
—Rifando ando, rifando ando, me voy, aprovechen, apuesten por su pavo no lo dejen volar —Esa era su letanía de publicidad, muy efectiva por cierto, porque sus números se vendían como pan caliente, tanto que hizo como 30 rifas diferentes.

Llegó el día acordado para el sorteo, 30 personas fueron agraciadas con un pavo y cuando Juaniquito escuchó los números que salieron, revisó las listas y en cada una de ellas había un ganador, entonces no sabía qué hacer. Todo el tiempo estuvo tentando a la suerte y esta por primera vez le falló.  Nunca tuvo ningún pavo y ni siquiera sabía dónde conseguir uno, mucho menos 30. ¿Dónde conseguiría 30 pavos? ¿Y cuánto les costarían?
Era un chico huérfano de y desde muy pequeño empezó a ejercer este oficio por pura necesidad, pero como  la necesidad siempre es superada por la ambición, al ver que nadie le sacaba nunca nada, empezó a efectuar rifas ficticias y el dinero siempre le quedaba en su totalidad para él.
—¡Dios! ¿En qué momento se me reventó la suerte? —Sólo eso se preguntaba en medio de la desesperación.
Al otro día fueron los ganadores del pavo a la casa de Juaniquito para reclamar su premio, todos se encontraron muy extraño de que tantas personas hayan resultado ganadoras.
Todos estaban muy nerviosos a la espera de una explicación por parte de Juaniquito el rifador, pero este no salía a dar la cara y mucho menos a entregar los premios
Se armó la discusión entre los ganadores y sus expresiones se empezaba a salir de tono.
Cansados de llamar y golpear la puerta y Juaniquito nada de salir, decidieron derribarla y al hacerlo notaron que este no estaba, ni tampoco sus cosas, pero ni mucho menos los  pavos, solo un enorme letrero en la pared principal que emitía con letras grandes y llamativas, como para captar la mayor atención, un desalentador mensaje:
«A todo el que entre en esta habitación, esperando encontrar el premio que ganó, le pido mil disculpas por mi lamentable distracción, ya que en un descuido mío el pavo voló »
Por Valentina Soriano Zapata

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