viernes, 8 de marzo de 2019

MOMENTOS AL BORDE




«Nunca es tarde si la dicha es buena, el sol sale para todos, querer es poder, dios solo pone la carga sobre el hombro que la puede soportar, el burro sabe a quién tumba y el diablo a quien se lleva».


Afirmaciones como estas son las que escucho todos los días.  Las mayorías de las personas siempre se encargan de repetir lo que oyen y se olvidan de que la vida no es un cliché, no hay un patrón de vida, cada persona es por naturaleza diferente y no hay fecha fija para la tristeza o la alegría.
Veo mi mundo revuelto, todo está oscuro a mí alrededor; cada día me quedo esperando que, para mí, salga el Sol, pero esa parece nunca ser su intención.
Quiero inventarme la forma para ver de nuevo el cielo; debo poder hacerlo porque quiero, pero sigo descendiendo aunque le eche  ganas, porque en este mundo roto «unos crían fama y otros cardan la lana».
Quisiera ser más  fuerte, pero no tengo consuelo; me desgata ver cómo voy en picada hacia el suelo.
Me sorprende la miseria y todos me dan la espalda, y hasta los que creía más fieles resultan ser los más crueles, se alejaron sin escusa y sin piedad de mi lado y hoy sufro en la penumbra y muero atormentado.
Hoy ando en un laberinto lleno de odio y rencor, ahogada entre sollozos y perdiendo la razón. La oscuridad se ha vuelto mi única compañía y cada vez extraño más  la gloriosa luz del día.
Quiero salir ya de este laberinto de dolor; por odiar a todo el mundo a Dios le pido perdón; pero siento que no me escucha, que ya se olvidó de mí, que mis ruegos no les llegan y que sus grandes bondades no llegan hasta aquí.
Las dudas me invaden ¿será que no existe Dios? O es  que he sido muy mala y por eso me abandonó.

No pierda nunca la fe, alguna vez escuché, que esta mueve montañas, sin duda: otro cliché.
 Si la fe es capaz de mover una montaña a la distancia requerida debe poder, entonces, traer la luz a mi vida. Debo mantener la calma y no perder la cordura, debo confiar en que el Sol ampliará su cobertura.
Alguien debe ser culpable de mis penas y mi dolor, alguien debió robarse mi Sol para dejarme sumergida en una inmensa oscuridad, debe ser alguien malicioso disfrazado de bondad
Todo estaba perfecto, mi vida estaba arreglada, vivía para mi negocio sin darle mente a nada.
De pronto todo cambió y mi suerte se esfumó al no estar preparada cuando la competencia llegó.
Las ventas fueron bajando, cada vez vendía menos y mi negocio se tornaba cada día más pequeño. Luche con todas mis fuerzas por recuperar mis clientes, pero descubrí que es imposible nadar contra la corriente.  Inventaba muchas cosas y todo me salía mal y tras la desesperación me llegué a endeudar. Le debía a todos los bancos que me quisieron prestar y ahora me amenazan porque no puedo pagar; me tienen al coger la loma llamándome todo los días y dicen que si no les pago me llevan a la fiscalía, llaman también a mis amigos que puse como referencia y cada vez que los veo casi muero de vergüenza. ¡Dios mío no puedo más por favor dime que hago! mira que no tengo fuerza ni para buscar trabajo. Sigo andando sin rumbo por encontrar la salida, pues dicen que a final del túnel siempre hay una luz encendida; Dios por favor dame fuerzas y que no se acabe mi fe. Yo sé que debo hacer algo, pero Señor dime…. ¡que!
—Disculpa que intervenga al ver tu poca esperanza, es imposible ignorarte porque piensas en voz alta.
Al escuchar todo esto me embriaga la tristeza y pensar que hay gente que mueren sin encontrar la repuesta.
Hay momento en que sentimos que ya todo se perdió, que no solo las gentes nos abandonan, sino que también Dios.
 Personas en ese estado se llegan a suicidar, no piensan que en vida todo se puede lograr y que por grande que sean los problemas siempre tienen su final. Son situaciones modificables que no puede perdurar más del tiempo que les tocan por nuestra vida pasar.
Los fracasos son de todo el que se atreve a soñar y nos brindan las experiencias que vamos a necesitar, fortalecen el camino que debemos trapazar para cumplir nuestras metas y nuestros sueños lograr.
Que todo será muy fácil es lo que todos creemos; se olvidan de que la vida está llena de batallas, unas ganamos y otras también, perdemos.
No se vale culpar a nadie si su estrategia falló, porque a cada quien le toca lo que a pulso se ganó, tampoco se vale odiar porque el odio es un veneno que te carcomes por dentro y mata sin remedio.   
Cuando alguien a ti te odia pocas veces los percibe ya que es un sentimiento que solo se envía pero jamás se recibe. 
Debes intentar algo nuevo si lo actual no funcionó, pero jamás en la vida debes culpar a Dios porque jamás abandona a nadie que en él confió.
Somos humanos y estamos llenos de dudas y es natural que en un momento al borde la oscuridad te confunda.
Dios te ayuda, si tú te ayudas, es lo que dicen las gentes; debe estar preparado para dar un paso al frente. Hay que seguir adelante y sin mirar hacia atrás porque lo que está perdido, perdido se quedará
Nada ganas con lamentos, con odiar, ni con llorar, si es tu peor momento es el justo para actuar.
Piensa que un nuevo camino está esperando por ti, que “El Sol sí sale para todos”, incluso para ti.
No dejes que las lágrimas empañen tu visión, sólo te confundirá más si lloras en un rincón, nadie podrás salvarte eso lo debe hacer tú, presiona tus ojos, seca tus lágrimas y podrás ver de nuevo la luz.

Por Valentina Soriano Zapata

miércoles, 22 de agosto de 2018

Volver a Empezar


¿Qué es el amor? 



VOLVER A EMPEZAR

El amor es esa llama que quema por dentro, ese suspiro que sale del alma, es la espera constante y una enorme ansiedad por estar junto a esa persona a quien se ama. ¿Puede un corazón triturado en mil pedazos recoger los trozos, armarlo y volver a empezar? ¿Con que fuerza puede un corazón decepcionado volver a enamorarse?
¿Alguien sabe porque las falsas promesas de amor encantan más que las verdaderas? Serás porque a nosotras, las mujeres, nos encanta que nos digan los que queremos escuchar, que nos eleven a lo más alto del universo, que nos dibujen un mundo mágico donde podamos flotar sobre nubes y competir con la belleza innata de las flores y las maripositas de colores; que nos hagan saborear el dulce de aquella manzana prohibida que, a pesar de sus encantamientos y sus delicias, muchas veces, encierra una oscura y fría realidad.
Y a los hombres, en cambio, les encanta dejarse seducir, creerse el último suspiro de la naturaleza. Suelen confiar demasiado en su don de conquistador y resulta que, muchas veces, suelen ser los primeros en terminar decepcionados, amargados y arrodillados ante la infamia y el dolor causado por una mala relación.
El amor no es una cuestión de género, es un asunto de ilusiones, de sueños, de la necesidad que tenemos los seres humanos de afecto, de relacionarnos entre sí. ¿Quién podría presumir de no ser capaz de dejarse llevar por la pasión y vivir alguna historia inconfesable?  Nadie está exento a esos efectos que nos hacen perder la razón, porque cualquier persona que tenga un corazón puede ser y será azotado por los dulces latigazos del amor.
Aun así, creer en el amor después de haber fallado más de una vez es un privilegio al que no podemos renunciar. Hay que disfrutar cada ilusión, hay que reír y soñar, suspirar esa pasión con la misma intensidad de la primera. No importa cuántas veces nos toque morir si contamos con la oportunidad de volver a vivir.
El desengaño no es excusa para renunciar, porque después de llorar, aceptar y superar estaremos siempre listos para volver a empezar.
Por valentina Soriano Z.

miércoles, 8 de agosto de 2018

Un Ardiente Verano







Actualización de un ardiente verano
Dicen que el calor de un intenso y agobiante verano puede hacerte perder el sentido, y hay veces que las primeras en sentirlos son tus neuronas, las cuales sin preguntar siquiera salen de vacaciones, dejándote frágil, vulnerable y a merced de las más peligrosas tentaciones. 
Llegué sin pensar a un hotel cerca de la playa, hasta allí me llevó mi desesperación por apagar esa llama que rostizaba todo mi cuerpo. Sentía calcinado mi cerebro y en lo único que podía pensar era en escapar,  ¡si…! Huir a toda velocidad de aquellos rayos feroces de sol que encendían el fuego que hacían arder mi piel; no veía la hora de hundirme entre las aguas para apagar esa llama y despojarme por completo de aquella gruesa y molesta capa que lentamente iba invadiendo cada rinconcito de mi cuerpo, esa transpiración que me indicaba incesantemente que, por lo menos, mi defensa interior  aún no dejaba de funcionar.

Por mi afán de llegar al agua casi corría hacia la salida pretendiendo llegar de un salto a la playa como si de eso dependiera mi vida, sin embargo, algo logra detenerme, justo en frente mío un cuerpo de galán de telenovela, con cara de ángel travieso pudo hacerme olvidar mi necesidad de refrescarme.

Curiosamente congelada… ¡Sii, Congelada! me quedé allí, no podía dejar de mirar aquel monumento, parecía que aquellos músculos tan bien formado me habían hecho, en ese instante, perder el poco sentido común que el calor no había podido consumir. Mi corazón parecía querer salir de mi agitado pecho, mis ojos vagaban por cada musculo de aquel desconocido que tenía el rostro más espectacular que haya visto en toda mi vida, Parecía haber perdido, justo en ese momento, la cordura. Faltó poco para que me lanzara entre sus brazos, pero lo peor de todo, él ya lo había notado, no podía dejar de mirarlo, y solo cuando nuestros ojos se encontraron fue, que por fin, sentí una sacudida en mi corazón y supe que debía poner distancia absoluta entre aquello que no era nada más que el cuerpo  del pecado. Entonces, avancé rápidamente hacia la salida, esta vez llevaba mucha más prisa que antes por llegar al agua, pero no por el incesante efecto del calor producido por el radiante Sol, ahora mi cuerpo se veía afectado por un fuego interior que me producía otro tipo de calor y ese… ese era mucho peor.

Me sumergí en el agua, por fin un poco de alivio, las aguas regeneran, limpian y refrescan el cuerpo, pero aun así, no podía quitar de mi mente aquel hombre desconocido que tantas sensaciones había producido en mí; mi piel se había refrescado, pero mi cuerpo ardía por dentro.
Cerré mis ojos y empecé a fantasear, sentía como él entraba al agua y me aprisionaba con sus fuertes y deliciosos brazos desde mi espalda, como me besaba el cuello y me hacía vibrar con el peso y el calor de aquel cuerpo tan varonil. Sentía su masculinidad rozándome como un potro salvaje,  sus caricias y su respiración que me elevaban al cielo y yo… es cierto, perdía la razón. Mis manos empezaron, como cosa suya, a acariciar aquellos brazos y sentía morir, su piel era suave y fuerte, me mataban esos vellos que cubrían su fibrosa piel, dejaba bajar mis manos desde sus hombros hasta  sus alargados dedos y allí me hizo reaccionar el rose de un anillo… ¿perdón? ¿Un anillo? ¿Qué buscaba un anillo en mi fantasía? Desperté, abrí mis ojos y ¡por Dios! no era una fantasía, ¡él de verdad estaba ahí! el cuerpo del pecado me había seguido y me tenía entre sus brazos.

Quise soltarme, quise gritar, pero sus caricias fueron mucho más fuertes que la razón, mi cuerpo lo necesitaba, ardía de deseo y él, él estaba ahí, dispuesto a apagar ese fuego que me quemaba por dentro.
Acepté sus besos, acepté sus caricias, mi cuerpo se estremecía y pedía cada vez más. En ese momento yo no era yo, la pasión y el deseo por aquel hombre me habían enloquecido; estaba completamente poseída por el pecado, había caído redondita en aquella, la más dulce, tentación que me había tocado vivir.  No podía ni quería resistirme a sus deseos. Nuestros cuerpos se unieron entre sí y nos amamos una y una y otra vez,  no hubo palabra, con la mirada y con nuestras caricias nos dijimos todo, ¿si lo que queríamos era acción, para que hablar? no importaba su nombre siempre y cuando sus manos no me dejaran de tocar.
No hubieron  reservas, ni restricciones, ni reproche, nuestra entrega fue total y absoluta, un vaivén del agua a la arena como dos seres incautos, presos de sus pasiones y sus deseos hasta quedar rendido en la orilla satisfechos y exhaustos.
Allí nos quedamos dormidos, después de haber librado una gran batalla en la que ambos fuimos vencedores. No sé qué tiempo pasó, solo sé que al despertar él ya no estaba, el cuerpo del pecado había desaparecido. Me quedó un enorme sabor a nostalgia y un recuerdo perpetuo de mí primera, y tal vez única, pasión de verano.
Por Valentina Soriano Zapata.

martes, 31 de julio de 2018

AUN TE ESPERO MAMA



Yo tenía solo 5 años de edad, pero aún recuerdo a una madre tierna, cariñosa y llena de bondad. Era verdaderamente una madre ejemplar,  no dejaría su familia para irse a pasear; ella nos quería, nos adorabas, a mi hermano y a mí, ella no nos dejarías para irse por ahí, ella no nos abandonarías… Ella no lo haría así.
Mi padre era un gran hombre y nos adoraba; éramos una familia que cualquiera deseaba… Hasta que un día mi madre desapareció mientras él trabajaba.

Hoy cumplo 38 años de edad, mi hermano tiene más y mi padre murió sin saber la verdad, nadie sabe qué pasó, cómo y porque mi madre nos dejó.
Fue una tarde de verano, el sol estaba furioso, mucho más ardiente que antes, como si sospechara que pasaría algo espantoso. Mi madre salió vestida como era natural en ella: pantalón cortito y blusa ligera, no importaba que se pusiera, mi madre era tan bella; llevaba en sus manos un poco de dinero, un pequeño recipiente y algunos instrumentos, esos que usaba al comprar los ingredientes para hacer sus rutinas y cocer los alimentos.
A solo una cuadra quedaba el colmadón, escuché decir a todos tras su desaparición; Recuerdo que ese día me dio un beso en la mejilla y acarició mi mentón y me dijo mientras guardaba en su seno el dinero «espérame ahí chiquita, ahora vuelvo » Solo que pasaron horas, días, años y aun la espero.
Se buscó por todos lados, por todos los medios fuimos asistidos; publicada por la tele, por la radio y en todos los caminos y todavía se encuentra en la lista de los desaparecidos.

No se supo nunca nada, si se fue obligada o con su consentimiento, en el suelo encontraron el pequeño recipiente y aquellos instrumentos.

Algunas personas dijeron en medio del alboroto que la vieron cuando en compañía de dos hombres abordaba una moto.
Hubo opiniones opuestas, gente sin saber hablaron y como un sospechoso a mi padre lo interrogaron, pero él no sabía nada de ese triste acertijo y lo dejaron que siga atendiendo a sus dos hijos; cosa que hizo con esmero sin dudarlo ni un poquito, poniendo en práctica la crianza que tuvo desde chiquito.
No sé cómo a mi madre de ese modo pude perder; es uno más de esos casos que se quedan sin resolver. Ya no la buscan, ni la mientan, se esfumó así nada más y aunque dicen que está muerta aun te espero mamá.
Relato basado en una historia real.
Por Valentina Soriano Zapata.