«Nunca es tarde si la dicha es buena, el sol sale para
todos, querer es poder, dios solo pone la carga sobre el hombro que la puede
soportar, el burro sabe a quién tumba y el diablo a quien se lleva».
Afirmaciones como estas son las que escucho todos los días. Las mayorías de las personas siempre se
encargan de repetir lo que oyen y se olvidan de que la vida no es un cliché, no
hay un patrón de vida, cada persona es por naturaleza diferente y no hay fecha
fija para la tristeza o la alegría.
Veo mi mundo revuelto, todo está oscuro a mí alrededor; cada
día me quedo esperando que, para mí, salga el Sol, pero esa parece nunca ser su
intención.
Quiero inventarme la forma para ver de nuevo el cielo; debo
poder hacerlo porque quiero, pero sigo descendiendo aunque le eche ganas, porque en este mundo roto «unos crían
fama y otros cardan la lana».
Quisiera ser más fuerte, pero no tengo consuelo; me desgata ver
cómo voy en picada hacia el suelo.
Me sorprende la miseria y todos me dan la espalda, y hasta
los que creía más fieles resultan ser los más crueles, se alejaron sin escusa y
sin piedad de mi lado y hoy sufro en la penumbra y muero atormentado.
Hoy ando en un laberinto lleno de odio y rencor, ahogada
entre sollozos y perdiendo la razón. La oscuridad se ha vuelto mi única compañía
y cada vez extraño más la gloriosa luz
del día.
Quiero salir ya de este laberinto de dolor; por odiar a todo
el mundo a Dios le pido perdón; pero siento que no me escucha, que ya se olvidó
de mí, que mis ruegos no les llegan y que sus grandes bondades no llegan hasta
aquí.
Las dudas me invaden ¿será que no existe Dios? O es que he sido muy mala y por eso me abandonó.
No pierda nunca la fe, alguna vez escuché, que esta mueve montañas,
sin duda: otro cliché.
Si la fe es capaz de
mover una montaña a la distancia requerida debe poder, entonces, traer la luz a
mi vida. Debo mantener la calma y no perder la cordura, debo confiar en que el
Sol ampliará su cobertura.
Alguien debe ser culpable de mis penas y mi dolor, alguien
debió robarse mi Sol para dejarme sumergida en una inmensa oscuridad, debe ser
alguien malicioso disfrazado de bondad
Todo estaba perfecto, mi vida estaba arreglada, vivía para
mi negocio sin darle mente a nada.
De pronto todo cambió y mi suerte se esfumó al no estar
preparada cuando la competencia llegó.
Las ventas fueron bajando, cada vez vendía menos y mi
negocio se tornaba cada día más pequeño. Luche con todas mis fuerzas por
recuperar mis clientes, pero descubrí que es imposible nadar contra la
corriente. Inventaba muchas cosas y todo
me salía mal y tras la desesperación me llegué a endeudar. Le debía a todos los
bancos que me quisieron prestar y ahora me amenazan porque no puedo pagar; me
tienen al coger la loma llamándome todo los días y dicen que si no les pago me
llevan a la fiscalía, llaman también a mis amigos que puse como referencia y
cada vez que los veo casi muero de vergüenza. ¡Dios mío no puedo más por favor
dime que hago! mira que no tengo fuerza ni para buscar trabajo. Sigo andando
sin rumbo por encontrar la salida, pues dicen que a final del túnel siempre hay
una luz encendida; Dios por favor dame fuerzas y que no se acabe mi fe. Yo sé
que debo hacer algo, pero Señor dime…. ¡que!
—Disculpa que intervenga al ver tu poca esperanza, es
imposible ignorarte porque piensas en voz alta.
Al escuchar todo esto me embriaga la tristeza y pensar que
hay gente que mueren sin encontrar la repuesta.
Hay momento en que sentimos que ya todo se perdió, que no
solo las gentes nos abandonan, sino que también Dios.
Personas en ese
estado se llegan a suicidar, no piensan que en vida todo se puede lograr y que
por grande que sean los problemas siempre tienen su final. Son situaciones
modificables que no puede perdurar más del tiempo que les tocan por nuestra
vida pasar.
Los fracasos son de todo el que se atreve a soñar y nos
brindan las experiencias que vamos a necesitar, fortalecen el camino que
debemos trapazar para cumplir nuestras metas y nuestros sueños lograr.
Que todo será muy fácil es lo que todos creemos; se olvidan
de que la vida está llena de batallas, unas ganamos y otras también, perdemos.
No se vale culpar a nadie si su estrategia falló, porque a
cada quien le toca lo que a pulso se ganó, tampoco se vale odiar porque el odio
es un veneno que te carcomes por dentro y mata sin remedio.
Cuando alguien a ti te odia pocas veces los percibe ya que
es un sentimiento que solo se envía pero jamás se recibe.
Debes intentar algo nuevo si lo actual no funcionó, pero
jamás en la vida debes culpar a Dios porque jamás abandona a nadie que en él
confió.
Somos humanos y estamos llenos de dudas y es natural que en
un momento al borde la oscuridad te confunda.
Dios te ayuda, si tú te ayudas, es lo que dicen las gentes;
debe estar preparado para dar un paso al frente. Hay que seguir adelante y sin
mirar hacia atrás porque lo que está perdido, perdido se quedará
Nada ganas con lamentos, con odiar, ni con llorar, si es tu
peor momento es el justo para actuar.
Piensa que un nuevo camino está esperando por ti, que “El
Sol sí sale para todos”, incluso para ti.
No dejes que las lágrimas empañen tu visión, sólo te
confundirá más si lloras en un rincón, nadie podrás salvarte eso lo debe hacer
tú, presiona tus ojos, seca tus lágrimas y podrás ver de nuevo la luz.
Por Valentina Soriano Zapata
«Nunca es tarde si la dicha es buena, el sol sale para todos, querer es poder, dios solo pone la carga sobre el hombro que la puede soportar, el burro sabe a quién tumba y el diablo a quien se lleva».
Afirmaciones como estas son las que escucho todos los días. Las mayorías de las personas siempre se
encargan de repetir lo que oyen y se olvidan de que la vida no es un cliché, no
hay un patrón de vida, cada persona es por naturaleza diferente y no hay fecha
fija para la tristeza o la alegría.
Veo mi mundo revuelto, todo está oscuro a mí alrededor; cada
día me quedo esperando que, para mí, salga el Sol, pero esa parece nunca ser su
intención.
Quiero inventarme la forma para ver de nuevo el cielo; debo
poder hacerlo porque quiero, pero sigo descendiendo aunque le eche ganas, porque en este mundo roto «unos crían
fama y otros cardan la lana».
Quisiera ser más fuerte, pero no tengo consuelo; me desgata ver
cómo voy en picada hacia el suelo.
Me sorprende la miseria y todos me dan la espalda, y hasta
los que creía más fieles resultan ser los más crueles, se alejaron sin escusa y
sin piedad de mi lado y hoy sufro en la penumbra y muero atormentado.
Hoy ando en un laberinto lleno de odio y rencor, ahogada
entre sollozos y perdiendo la razón. La oscuridad se ha vuelto mi única compañía
y cada vez extraño más la gloriosa luz
del día.
Quiero salir ya de este laberinto de dolor; por odiar a todo
el mundo a Dios le pido perdón; pero siento que no me escucha, que ya se olvidó
de mí, que mis ruegos no les llegan y que sus grandes bondades no llegan hasta
aquí.
Las dudas me invaden ¿será que no existe Dios? O es que he sido muy mala y por eso me abandonó.
No pierda nunca la fe, alguna vez escuché, que esta mueve montañas,
sin duda: otro cliché.
Si la fe es capaz de
mover una montaña a la distancia requerida debe poder, entonces, traer la luz a
mi vida. Debo mantener la calma y no perder la cordura, debo confiar en que el
Sol ampliará su cobertura.
Alguien debe ser culpable de mis penas y mi dolor, alguien
debió robarse mi Sol para dejarme sumergida en una inmensa oscuridad, debe ser
alguien malicioso disfrazado de bondad
Todo estaba perfecto, mi vida estaba arreglada, vivía para
mi negocio sin darle mente a nada.
De pronto todo cambió y mi suerte se esfumó al no estar
preparada cuando la competencia llegó.
Las ventas fueron bajando, cada vez vendía menos y mi
negocio se tornaba cada día más pequeño. Luche con todas mis fuerzas por
recuperar mis clientes, pero descubrí que es imposible nadar contra la
corriente. Inventaba muchas cosas y todo
me salía mal y tras la desesperación me llegué a endeudar. Le debía a todos los
bancos que me quisieron prestar y ahora me amenazan porque no puedo pagar; me
tienen al coger la loma llamándome todo los días y dicen que si no les pago me
llevan a la fiscalía, llaman también a mis amigos que puse como referencia y
cada vez que los veo casi muero de vergüenza. ¡Dios mío no puedo más por favor
dime que hago! mira que no tengo fuerza ni para buscar trabajo. Sigo andando
sin rumbo por encontrar la salida, pues dicen que a final del túnel siempre hay
una luz encendida; Dios por favor dame fuerzas y que no se acabe mi fe. Yo sé
que debo hacer algo, pero Señor dime…. ¡que!
—Disculpa que intervenga al ver tu poca esperanza, es
imposible ignorarte porque piensas en voz alta.
Al escuchar todo esto me embriaga la tristeza y pensar que
hay gente que mueren sin encontrar la repuesta.
Hay momento en que sentimos que ya todo se perdió, que no
solo las gentes nos abandonan, sino que también Dios.
Personas en ese
estado se llegan a suicidar, no piensan que en vida todo se puede lograr y que
por grande que sean los problemas siempre tienen su final. Son situaciones
modificables que no puede perdurar más del tiempo que les tocan por nuestra
vida pasar.
Los fracasos son de todo el que se atreve a soñar y nos
brindan las experiencias que vamos a necesitar, fortalecen el camino que
debemos trapazar para cumplir nuestras metas y nuestros sueños lograr.
Que todo será muy fácil es lo que todos creemos; se olvidan
de que la vida está llena de batallas, unas ganamos y otras también, perdemos.
No se vale culpar a nadie si su estrategia falló, porque a
cada quien le toca lo que a pulso se ganó, tampoco se vale odiar porque el odio
es un veneno que te carcomes por dentro y mata sin remedio.
Cuando alguien a ti te odia pocas veces los percibe ya que
es un sentimiento que solo se envía pero jamás se recibe.
Debes intentar algo nuevo si lo actual no funcionó, pero
jamás en la vida debes culpar a Dios porque jamás abandona a nadie que en él
confió.
Somos humanos y estamos llenos de dudas y es natural que en
un momento al borde la oscuridad te confunda.
Dios te ayuda, si tú te ayudas, es lo que dicen las gentes;
debe estar preparado para dar un paso al frente. Hay que seguir adelante y sin
mirar hacia atrás porque lo que está perdido, perdido se quedará
Nada ganas con lamentos, con odiar, ni con llorar, si es tu
peor momento es el justo para actuar.
Piensa que un nuevo camino está esperando por ti, que “El
Sol sí sale para todos”, incluso para ti.
No dejes que las lágrimas empañen tu visión, sólo te
confundirá más si lloras en un rincón, nadie podrás salvarte eso lo debe hacer
tú, presiona tus ojos, seca tus lágrimas y podrás ver de nuevo la luz.
Por Valentina Soriano Zapata



